jueves, 5 de noviembre de 2020

Todo revuelto, ganancia de los que están revolviendo




En el pasado, al que le gustaba la música, se proveía y tocaba un instrumento. Con lo que conlleva, no había otro remedio si quería oír música.
Ahora cualquiera que se denomina melómano, compra un audio o lo baja de internet, lo de gratis en ninguna de las acepciones, que nadie da nada por ese mismo precio, aunque quieran convencer de lo contrario.
Y puede hasta elegir de acabar de oír y establecer un ranking de calidad, hasta puede opinar sin saber solfeo, ni tocar ningún instrumento.
Como Manuel de Falla decía que la música no es para quien la entiende, si no para quien la siente, no me extraña que ahora todo el mundo se crea mucho más agudo por esta forma de entender conceptos tan complejos. Los demás tienen que sobrevivir o directamente trabajar, porque para vivir de la música hay demasiada competencia desleal del pensamiento ortodoxo, de lo que debería ser la música y hasta la vida misma. Abundan esos que para hacer un reloj no tienen que saber de mecánica, ni electricidad, ni electrónica, sólo diseñar un buen formato de la esfera tradicional con colores sugerentes, etc., que pueda vender el producto a todo el mundo.

Por confundirlo todo, así ha quedado la vida actual, y espera. 


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