Verdades y mentiras.
El mentiroso narcisista tergiversa la verdad para
encubrir su inacción, sus dramas, o su ineptitud.
Mientras que el mentiroso patético miente para
encajar y para ganar dinero.
Los sociópatas son los más dañinos
porque mienten de forma gratuita, rutinaria, sin remordimientos, y a menudo sin
razón, porque pueden, porque les da la gana.
La consecuencia de la necesidad de usar procedimientos para
engañar, aun diciendo verdad, aunque sean conceptos demasiado etéreos, como la empatía,
la solidaridad, la libertad, la democracia, todavía lo son más cuando te hacen
de menos y te utilizan como eco de mentirosos, además de que te convierten en descreído,
lo que peor de todo es que te ganen por incauto con la imaginación que nos
reservamos para otras cosas más edificantes.
Perdón por preguntar, porque tiene de todo.
Tomar referencia de las personas que tienen imaginación desbordante, ésas
con vida interior propia, a las que no se deberían tomar por mentirosas.
Aunque se conozcan de hace mucho.
Hazles mejores preguntas para que, aunque por su torpeza verbal se
equivoquen en sus descripciones, no te puedan engañar.
Infórmate. Como aprender, por tí mismo, así nunca harás de menos al que te
tiene que transmitir inmediatamente, y no puede comunicarte las cosas como para
que tú las entiendas.
No seas dependiente de la irracionalidad, de la poesía del que confunde
realidades con idealizaciones, y pesadillas con sueños placenteros que nadie
deberíamos mostrar.
Necesitamos algo más tangible que la verdad o la mentira, como el
aprecio, si no, hasta el amor solo sirve para reprochar.
Jajarai, jajai, jajá,
Jarajajai, jajai, jojó...
Otario, que andás penando
Sin un motivo mayor,
¿Quién te dijo que en la vida
todo es mentira, todo es dolor?
Si tras la noche más oscura, sale el sol...
Y de la vida hay que reírse
Igual que yo...
Jajarai, jajai, jajá,
Jarajajai, jajai, jojó...
Julio Sosa
Cambalache
Que el mundo fue y será una porquería
ya lo sé...
(¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!).
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublé...
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos...
¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!...
¡Ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador!
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
No hay aplazaos
ni escalafón,
los inmorales
nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón!...
¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y "La Mignón",
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un calefón...
¡Siglo veinte, cambalache
problemático y febril!...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil!
¡Dale nomás!
¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
¡No pienses más,
sentate a un lao,
que a nadie importa
si naciste honrao!
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley...
Enrique Santos Discépolo