domingo, 16 de noviembre de 2025

Realidad



Verdades y mentiras.

El mentiroso narcisista tergiversa la verdad para encubrir su inacción, sus dramas, o su ineptitud.

Mientras que el mentiroso patético miente para encajar y para ganar dinero.

Los sociópatas son los más dañinos porque mienten de forma gratuita, rutinaria, sin remordimientos, y a menudo sin razón, porque pueden, porque les da la gana.

La consecuencia de la necesidad de usar procedimientos para engañar, aun diciendo verdad, aunque sean conceptos demasiado etéreos, como la empatía, la solidaridad, la libertad, la democracia, todavía lo son más cuando te hacen de menos y te utilizan como eco de mentirosos, además de que te convierten en descreído, lo que peor de todo es que te ganen por incauto con la imaginación que nos reservamos para otras cosas más edificantes.

Perdón por preguntar, porque tiene de todo.

Tomar referencia de las personas que tienen imaginación desbordante, ésas con vida interior propia, a las que no se deberían tomar por mentirosas.

Aunque se conozcan de hace mucho.

Hazles mejores preguntas para que, aunque por su torpeza verbal se equivoquen en sus descripciones, no te puedan engañar.

Infórmate. Como aprender, por tí mismo, así nunca harás de menos al que te tiene que transmitir inmediatamente, y no puede comunicarte las cosas como para que tú las entiendas.

No seas dependiente de la irracionalidad, de la poesía del que confunde realidades con idealizaciones, y pesadillas con sueños placenteros que nadie deberíamos mostrar.

Necesitamos algo más tangible que la verdad o la mentira, como el aprecio, si no, hasta el amor solo sirve para reprochar.


Jajarai, jajai, jajá,

Jarajajai, jajai, jojó...

Otario, que andás penando

Sin un motivo mayor,

¿Quién te dijo que en la vida

todo es mentira, todo es dolor?

Si tras la noche más oscura, sale el sol...

Y de la vida hay que reírse

Igual que yo...

Jajarai, jajai, jajá,

Jarajajai, jajai, jojó...

Julio Sosa


Cambalache

Que el mundo fue y será una porquería

ya lo sé...

(¡En el quinientos seis

y en el dos mil también!).

Que siempre ha habido chorros,

maquiavelos y estafaos,

contentos y amargaos,

valores y dublé...

Pero que el siglo veinte

es un despliegue

de maldá insolente,

ya no hay quien lo niegue.

Vivimos revolcaos

en un merengue

y en un mismo lodo

todos manoseaos...

 

¡Hoy resulta que es lo mismo

ser derecho que traidor!...

¡Ignorante, sabio o chorro,

generoso o estafador!

¡Todo es igual!

¡Nada es mejor!

¡Lo mismo un burro

que un gran profesor!

No hay aplazaos

ni escalafón,

los inmorales

nos han igualao.

Si uno vive en la impostura

y otro roba en su ambición,

¡da lo mismo que sea cura,

colchonero, rey de bastos,

caradura o polizón!...

 

¡Qué falta de respeto, qué atropello

a la razón!

¡Cualquiera es un señor!

¡Cualquiera es un ladrón!

Mezclao con Stavisky va Don Bosco

y "La Mignón",

Don Chicho y Napoleón,

Carnera y San Martín...

Igual que en la vidriera irrespetuosa

de los cambalaches

se ha mezclao la vida,

y herida por un sable sin remaches

ves llorar la Biblia

contra un calefón...

 

¡Siglo veinte, cambalache

problemático y febril!...

El que no llora no mama

y el que no afana es un gil!

¡Dale nomás!

¡Dale que va!

¡Que allá en el horno

nos vamo a encontrar!

¡No pienses más,

sentate a un lao,

que a nadie importa

si naciste honrao!

Es lo mismo el que labura

noche y día como un buey,

que el que vive de los otros,

que el que mata, que el que cura

o está fuera de la ley...

Enrique Santos Discépolo