domingo, 21 de diciembre de 2025
No es magia, es imaginación
domingo, 16 de noviembre de 2025
Realidad
Verdades y mentiras.
El mentiroso narcisista tergiversa la verdad para
encubrir su inacción, sus dramas, o su ineptitud.
Mientras que el mentiroso patético miente para
encajar y para ganar dinero.
Los sociópatas son los más dañinos
porque mienten de forma gratuita, rutinaria, sin remordimientos, y a menudo sin
razón, porque pueden, porque les da la gana.
La consecuencia de la necesidad de usar procedimientos para
engañar, aun diciendo verdad, aunque sean conceptos demasiado etéreos, como la empatía,
la solidaridad, la libertad, la democracia, todavía lo son más cuando te hacen
de menos y te utilizan como eco de mentirosos, además de que te convierten en descreído,
lo que peor de todo es que te ganen por incauto con la imaginación que nos
reservamos para otras cosas más edificantes.
Perdón por preguntar, porque tiene de todo.
Tomar referencia de las personas que tienen imaginación desbordante, ésas
con vida interior propia, a las que no se deberían tomar por mentirosas.
Aunque se conozcan de hace mucho.
Hazles mejores preguntas para que, aunque por su torpeza verbal se
equivoquen en sus descripciones, no te puedan engañar.
Infórmate. Como aprender, por tí mismo, así nunca harás de menos al que te
tiene que transmitir inmediatamente, y no puede comunicarte las cosas como para
que tú las entiendas.
No seas dependiente de la irracionalidad, de la poesía del que confunde
realidades con idealizaciones, y pesadillas con sueños placenteros que nadie
deberíamos mostrar.
Necesitamos algo más tangible que la verdad o la mentira, como el
aprecio, si no, hasta el amor solo sirve para reprochar.
Jajarai, jajai, jajá,
Jarajajai, jajai, jojó...
Otario, que andás penando
Sin un motivo mayor,
¿Quién te dijo que en la vida
todo es mentira, todo es dolor?
Si tras la noche más oscura, sale el sol...
Y de la vida hay que reírse
Igual que yo...
Jajarai, jajai, jajá,
Jarajajai, jajai, jojó...
Julio Sosa
Cambalache
Que el mundo fue y será una porquería
ya lo sé...
(¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!).
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublé...
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos...
¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!...
¡Ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador!
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
No hay aplazaos
ni escalafón,
los inmorales
nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón!...
¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y "La Mignón",
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un calefón...
¡Siglo veinte, cambalache
problemático y febril!...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil!
¡Dale nomás!
¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
¡No pienses más,
sentate a un lao,
que a nadie importa
si naciste honrao!
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley...
Enrique Santos Discépolo
miércoles, 24 de septiembre de 2025
Finales del verano
En la mejana, higos, almendras de Guara, tomates y una calabaza crecida.
Pero guardadas, de Halloween, del peregrino, de pera, de color naranja alargadas y redondas, de calabacines, o experimentales híbridas. Cucurbitáceas, siempre más calabazas.
Tierra, tiempo para la paciencia, agua, sol inclemente, y mosquitos neurotóxicos que duran hasta que viene el fresco del otoño.
Pero con leña de laurelero preparada para el invierno.
Aunque la única servidumbre del ser humano debería ser, por idealista, alcanzar su libertad.
domingo, 29 de junio de 2025
Vivir y dejar vivir
Educar
Educar es lo mismo
que poner un
motor a una barca
hay que medir,
pesar, equilibrar...
... y poner todo
en marcha.
Pero para eso,
uno tiene
que llevar en el alma
un poco de
marino, un poco de pirata...
un poco de poeta...
y un kilo y medio de paciencia concentrada
Pero es consolador soñar mientras uno trabaja,
que esa barca,
ese niño,
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese
navío
llevará nuestra
carga de palabras
hacia pueblos
distantes, hacia islas lejanas.
Soñar que cuando
un día
esté durmiendo
nuestra propia barca,
en barcos nuevos
seguirá nuestra bandera enarbolada.
Gabriel Celaya
jueves, 26 de junio de 2025
Retrato del mar
Retrato.
Mi infancia son recuerdos de un
patio de Sevilla
y un huerto claro donde madura
el limonero;
mi juventud, veinte años en
tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que
recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara ni un
Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño
indumentario—;
más recibí la flecha que me
asigno Cupido
y amé cuanto ellas pueden tener
de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de
sangre jacobina,
pero mi verso brota de
manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que
sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la
palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la
moderna estética
corté las viejas rosas del
huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la
actual cosmética
ni soy un ave de esas del nuevo
gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los
tenores huecos
y el coro de los grillos que
cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces
de los ecos,
y escucho solamente, entre las
voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No
sé. Dejar quisiera
mi verso como deja el capitán
su espada:
famosa por la mano viril que la
blandiera,
no por el docto oficio del
forjador preciada.
Converso con el hombre que
siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar
a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con
este buen amigo
que me enseño el secreto de la
filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debeisme
cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi
dinero pago
el traje que me cubre y la
mansión que habito,
el pan que me alimenta y el
lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del
último viaje
y esté a partir la nave que
nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero
de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de
la mar.
Este poema habla del pasado de
Antonio Machado; infancia y juventud, desde un tono nostálgico. Aparecen
elementos de amor, de muerte, y también de la consciencia de uno mismo.
domingo, 1 de junio de 2025
Pedrisco en regadera oriental
Letra de La Rosa y el Viento de Rocio Jurado





