Si recordar es volver a vivir, eligiendo el recuerdo, se vuelve a soñar. Porque viviendo
se aprende despierto. A muchos nos gustaría ser centauros, en vez de moteros.
Sólo por bohemios, por amar la libertad y la independencia. ¡A cada uno
lo que le guste! Aunque la seductora del viaje sea la aventura, todavía
es mejor la coincidencia, la sintonía, la suave caricia de la
condescendencia. ¡Es lo más genial! Porque la vida
bohemia no es de locos, ni de cuerdos vivir sin
ilusiones. Somos bohemios, cuando la
compañía y su referencia más nos
llena. Con eso, hasta lo diferente,
no es negativo. Ni lo
excéntrico, ni lo peculiar.
Ni lo raro. Será porque ahora
no hay nada raro. O porque hemos
aprendido a vivir pensando en que todos
tenemos de todo un poco. Creer en el camino,
en abarcar terrenos con las máquinas, para descubrir
otros lugares, otras historias que escuchar. Otros estímulos,
para poder seguir asombrándonos. De lo que podemos hacer,
cuando se lleva idea. Otros pensamientos. Otros recuerdos, para
vivir, y dejar vivir. Con la familia. Con los amigos. Con el pueblo. Con la
ayuda de los que nos quieren. Lo mejor del viaje, no es quedarse, es regresar.